Fundación Encuentro por la Vida: Cultura y Democracia Ambiental

El Chaco: monstruo que resiste. Entrevista a Eduardo Rosenzvaig PDF Imprimir E-mail
Miércoles, 18 de Agosto de 2010 18:21



“El Gran Chaco fue escenario del
mayor ecocidio de América Latina”

Por Mario Quinteros

(Fuente: suplemento Chaqueña. Diario Norte, 15 de agosto 2010.)

“Toda la región del Chaco fue escenario del mayor ecocidio que vivió América Latina desde la llegada de los españoles”, sostuvo el historiador y escritor tucumano Eduardo Rosenzvaig, quien pasó por Resistencia para dictar una conferencia invitado por la Fundación Encuentro por la Vida, Cultura y Democracia Ambiental. Para el visitante, ni el despojo minero que sufrió la cordillera de los Andes alcanza la magnitud del desastre ecológico que sufrió nuestra tierra: “Pensemos que el Potosí, por ejemplo, fue convertido en un queso, lleno de agujeros, y bajó su altura por la extracción de la plata. Pero aquí nos quedamos con un desierto”, graficó.

Semejante vaciamiento implicó, para Rosenzvaig, el tendido de un manto de silencio, la implementación de un cono de oscuridad sobre esta realidad que permitiera tapar y anular la relevancia histórica y sus consecuencias futuras. Pero tamaño engaño también requirió, o fue resultado, de una colonización que en nuestro país estuvo motorizada y fundamentada por las fuerzas militares y los intereses terratenientes.
“El Chaco —toda la región que incluye tres países— significó desde siempre una enorme cantera: en primer lugar, de la posibilidad de acceder al manejo de obra indígena gratis” sostuvo, y agregó: “Julio Argentino Roca, como ministro de Guerra, envió a Tucumán, en 1875, un tren de carga lleno de nativos del Chaco. Tras un periplo que debió de haber sido larguísimo, de diez o doce días, los indígenas llegaron sedientos y hambrientos, para ser distribuidos en los ingenios azucareros”. Para el historiador el desafío fue abastecer a la naciente revolución industrial de mano de obra barata: “la experiencia fracasó en Tucumán, pero fue exitosa en Salta y Jujuy, donde el Chaco siguió aportando mano de obra, desde finales del siglo XIX hasta el peronismo”.
Rosenzvaig detalla la dimensión humana del desastre: “Llevaban a los indígenas a las zafras de los famosos ingenios San Martín, Ledesma, La Esperanza y los tenían 8 meses trabajando de sol a sol. Vivían en la intemperie o, cuando podían, bajo ranchos de quincho realizados con la maloja de caña”.
Sólo recién al final de la zafra les daban el monto total de lo que habían trabajado. Y ahí comenzaba otro desastre: el tren los llevaba por un recorrido en el que, en cada puesto, aparecían los comerciantes prontos a vender cualquier cosa, a cambio del dinero recién ganado. Tan aceitado estaba el mecanismo que el tren aminoraba su marcha para que se vaciaran los bolsillos.
“Tenemos que pensar en lo curioso de la situación: ellos no sabían el valor del dinero y se asombraban con distintos objetos. Por ejemplo, se compraban una bicicleta o zapatos taco alto, chucherías o cosas inservibles”, detalló el historiador: “Gastaban, además, porque si no… ¿para qué les podía servir el dinero en el medio del monte?”

El árbol y el bosque

Gran parte de estas reflexiones fueron vertidas por Rosenzvaig en el libro Etnias y árboles. Historia del universo ecológico Gran Chaco, un ensayo histórico que mereció el prestigioso premio de Casa de las América, en La Habana, Cuba, en 1996. Años después, el mismo certamen cubano repitió su distinción al premiar en 2009 Mañana es lejos, un libro autobiográfico donde el autor relata sus memorias como bicicletero durante la última dictadura.
En los capítulos del primero es donde traza los perfiles definitivos del ecocidio: “Esta tierra también fue una gran cantera por sus recursos naturales, especialmente la madera. La extracción forestal comenzó para el uso en obras, pero luego tuvo otras implicancias. Por ejemplo, la proporción tánica de especies africanas llega a un 9 por ciento de tanino por tonelada, en tanto que el quebracho, en el norte de Santa Fe llega al 27 por ciento y en algunas partes del Chaco y Santiago del Estero, al 31 por ciento”. Esta enorme diferencia es la verdadera causa de emporios como La Forestal, que desde el norte de Santa Fe se erigió como una de las empresas de tierra más grandes del continente, con unos 40 mil trabajadores y una posesión de entre 3 y 4 millones de hectáreas.
“El Chaco, una región tan grande como toda España, fue vaciado en poco tiempo. En Santa Fe no fue tan terrible porque cuenta con lluvias que impidieron la sequía, pero en Santiago del Estero provocó el desierto real”, lamentó.
“El famoso bosque de quebracho despareció y no sé si lo podremos volver a ver, ya que un ejemplar mediano requiere de unos 100 años”.
En la misma línea se ubican los palmares, que fueron arrasados en pocos años y en extensiones siderales.
Pero para dimensionar el valor ecológico de nuestra región, el historiador detalló las aplicaciones de los recursos extraídos: “Todo el país se abasteció de la madera chaqueña, para los postes de luz, de teléfono, los durmientes de todas las vías de ferrocarril del país. Pero también aquí hay que consignar la enorme cantidad de leña que exigieron los ingenios azucareros y otras industrias durante los comienzos de la Revolución Industrial, hasta los 40, cuando cambió el sistema de alimentación”.
Rosenzvaig retrató la situación: “Cada día llegaban a los ingenios tucumanos trenes cargados con el carbón que se consumía. También para Altos Hornos Zapla, que funcionó gracias a la madera chaqueña”.
Para semejante despojo de la naturaleza, la historia oficial necesitó de un manto de ceguera que tuviera las mismas proporciones, de allí tanto oscurantismo, que se mantiene hasta nuestros días.

Y después, el hombre

Para el historiador tucumano el ecocidio fue el principio de la acción de apropiación y posterior justificación del etnocidio: “Para nuestros gobernantes de entonces fue conveniente matar a los indígenas y traer migración europea, en lugar de buscar una integración real. Lo mismo que sufrió la Patagonia, también lo sufrió el Chaco”.
Pero la acción militar tuvo otras implicancias que acentuaron su acción de muerte y olvido: “Desde aquel entonces comenzaron las prácticas de pillajes, secuestros, violaciones... Nuestro ejército comenzó ahí mismo con la acción que, siglos después con Videla, mostrará su verdadero destino”. Para el historiador, aquellas fuerzas militares fueron las que prepararon el mecanismo de dominación que la historia aceitó “hasta perfeccionarse con la última dictadura militar”.
Sin embargo, la resistencia de los pueblos originarios maduró y perduró en el tiempo: “Como en el resto de América, las comunidades aborígenes que tenían mayor desarrollo de la vista agricultura o la ganadería fueron más sencillas de conquistar, primero por los españoles y luego por los republicanos: terratenientes y militares. Pero les fue difícil frente a las etnias de recolectores, pescadores y cazadores, porque primero exigían un tiempo para adiestrarlos y segundo porque se necesitaba un mínimo capital para detenerse e incluirlas en los nuevos usos de la civilización capitalista”.
Unos y otros pujaban en un espacio geográfico inconmensurable: “Para los españoles, el Chaco era un monstruo y tenían experiencias sobradas para temerlo. Sólo basta recordar una de las primeras expediciones ocurridas a principios del siglo XVIII, cuando, a golpe de machete, se intentó trazar un camino en el medio de la selva. Sin embargo, a los pocos kilómetros, los expedicionarios vieron como la misma naturaleza iba borrando el tajo producido en la flora”.
Y el camino volvía, una vez más, a ser una cicatriz de un cuerpo ultrajado por la codicia y el olvido. El cuerpo de un monstruo, que aún resiste.

Para descargar el libro Etnias y árboles. Historia del universo ecológico Gran Chaco, click aquí

Última actualización el Jueves, 19 de Agosto de 2010 09:23
 

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