Fundación Encuentro por la Vida: Cultura y Democracia Ambiental

Salud y Ambiente
La Escondida contaminación PDF Imprimir E-mail
Lunes, 05 de Julio de 2010 17:25

Él contamina, ellos contaminan: nosotros no miremos para otro lado

Por Clara Riveros Sosa

El jueves 1 de este mes se realizó en la legislatura provincial una jornada para tratar la contaminación que se produce en la localidad de La Escondida. Si bien la organización allí del evento, lógicamente, corrió por cuenta de diputados atentos a la cuestión, la iniciativa de hacer pública la situación en que viven —y en la que también muchos enferman y en la que muere una cantidad imprecisa— partió de los vecinos autoconvocados de esa localidad. Sus padecimientos y la preocupación constante con que transcurren sus existencias abarcan a casi toda la comunidad, pero queda a la vista que sólo una parte de la población se compromete abiertamente con los reclamos. En esos casos, no se trata de una postura de comodidad por parte de quienes se abstienen de expresarse, sino que, al igual que en trances similares en todo mundo, la población —máxime cuando se trata de lugares pequeños— se encuentra en relación de dependencia, directa o indirectamente, de la empresa que produce la contaminación. Se les teme a las represalias y a la desocupación lo suficiente como para arriesgar la salud y la vida a un nivel tanto personal como colectivo. Tal fue lo que se puso de manifiesto en ocasión de la jornada que comentamos.


Si bien la contaminación en La Escondida, como en tantas otras radicaciones fabriles, es de larga data, no excedía la medida que los vecinos estaban habituados a soportar, tampoco los productos de la fábrica ni sus emanaciones tienen en los últimos tiempos las mismas características de antaño. Las preocupaciones lugareñas se desataron a partir de que la empresa Indunor comenzó a elaborar no sólo el tradicional tanino vegetal, sino un listado de productos químicos (tanino artificial y bisulfito, entre otros, además del furfural, que es de más antigua elaboración), ninguno inocuo. Pero la alarma y la angustia cundieron cuando el 9 de octubre del año pasado se produjo en la planta una explosión fuerte seguida de incendio y de emanaciones de humo visibles aun desde otros parajes. El accidente, que luego se atribuyó a un cortocircuito, fue contenido por los propios operarios y la brigada antiincendios de Indunor, y sofocado finalmente por los bomberos de otra localidad. De haber estallado los tanques de oxígeno, se estimó que podría haber alcanzado la magnitud de catástrofe. No obstante, el denso humo se hallaba cargado de sustancias tóxicas que incrementaron las emisiones diarias a la atmósfera que allí se sufren. Un especialista puso en evidencia el descontrol oficial al destacar que no se hallan identificados todos los productos que se fabrican en ese lugar.


Al presentar el cuadro de degradación ambiental cotidiana no se olvidó señalar, en el transcurso de la jornada legislativa, la permanencia de los residuos industriales en sus repositorios y el volcado de efluentes al río Negro, más la contaminación que se detectó en la napa freática. No es superfluo recordar siempre que el agua que provee SAMEEP es tomada del riacho Barranqueras, a pocos metros corriente abajo de la desembocadura del río Negro.
En oportunidad de la jornada en la Cámara la situación fue expuesta y explicada por los legisladores que respondieran al reclamo, pero fundamentalmente se contó con los testimonios de numerosos vecinos de La Escondida que los brindaron con claridad y sin golpes bajos. Lo emotivo surgía por sí mismo de sus dichos.
Los vecinos de La Escondida dieron cuenta del profundo deterioro de su ambiente, de las enfermedades que se propagan, algunas de las cuales les eran prácticamente desconocidas con anterioridad, además de los esperables males respiratorios y de piel, de los chicos que tosen todo el día, de los techos de chapa corroídos y perforados por las emanaciones y la lluvia ácida (imaginar el cuerpo humano expuesto a tales condiciones), de la proliferación de cánceres; del olor insoportable; de su amor por el pueblo natal en el que desean permanecer, o en el que deben quedarse al carecer de alternativas; en el traumático desarraigo de quienes tienen la oportunidad de instalarse en otra ciudad; de la preocupación que les generan los niños y los jóvenes ya con síntomas o que puedan manifestarlos más adelante.
La gente de La Escondida hizo hincapié en tres puntos principales: en que no van contra la industria en sí misma sino contra su forma de producir, que entienden que puede —y es urgente que lo haga— enmarcándose en los debidos parámetros ambientales; su desencanto con el papel desempeñado por sus autoridades municipales y, con reiteración, en la cantidad de puertas oficiales que debieron golpear para que —en el mejor de los casos—, si llegaban a ser atendidos, luego partieran de allí con compromisos verbales que no se concretaron. A nadie le pareció extraño que así ocurriera, desde el momento en que, ya en la jornada del jueves, estaban ausentes en el recinto las autoridades que más responsabilidades acumulan en esta instancia y cuyas explicaciones resultan más que necesarias. En tanto que sí representaron a la APA y a la Subsecretaría de Medio Ambiente provincial una técnica por cada una de dichas entidades y que defendieron su rol, pero nadie con capacidad de decisión ni de dar respuestas políticas. A pesar del carácter y tema de la reunión, el Ministerio de Salud Pública no envió a ningún funcionario.
Para ser justos cabe lamentar también la inasistencia de legisladores y de personas de movimientos que apoyan a otras poblaciones afectadas por coyunturas parecidas e igualmente aflictivas. A la inversa, las convocatorias de estas últimas registran espacios vacíos correspondientes a los sectores presentes el jueves. Es de esperar que esto sólo resulte de una casualidad y que todos los actores de la democracia que está en juego se integren en defensa nada menos que de la vida y de la salud de las generaciones presentes y futuras de sus representados. Las afectaciones a la vida y a la salud se multiplican generando un sinfín de conflictos y mucho dolor, sin distinción de pertenencias políticas ni ideológicas.
Es muy significativo que nuestra provincia se halle sacudida a diario por hechos persistentes de contaminación emparentados por las mismas ausencias, negaciones, demoras y falta de controles. Ahora son La Leonesa y Las Palmas dañadas por las arroceras, Puerto Vilelas —hoy— por los silos de granos, y las poblaciones de la zona sojera y fumigada que irán sumándose al clamor general a medida que venzan las resistencias, miedos y oposiciones con que también debieron lidiar quienes hoy se manifiestan. Los sistemas de producción vigentes no son compatibles con la vida: urge cambiarlos. No se pueden apilar cadáveres sobre el altar de un supuesto desarrollo. Los gobiernos que elegimos y sostenemos y los funcionarios que a su vez estos gobiernos designaron están en sus sitios como gerentes de las actividades de las cuales los ciudadanos no podemos hacernos cargo. Esperamos y exigimos que cumplan con su cometido. Mientras tanto, la ciudadanía se ve obligada a cubrir los espacios de acción vacíos. Además, ya sabemos que los problemas que no se resuelven derivan en conflictos cada vez más duros, extensos, complejos y con vocación de eternizarse.

Publicado en El Diario de la Región el 03/07/2010





 

 

Última actualización el Lunes, 05 de Julio de 2010 23:21
 
Operación Pandemia: el negocio del miedo PDF Imprimir E-mail
Martes, 04 de Mayo de 2010 19:18

Una investigación de Julián Alterini que puede verse aquí nos muestra los entretelones de la insistencia mediática con la GRIPE PORCINA; cómo generando una necesidad (concretamente: la vacuna y el Tamiflú) sobre la base del miedo y la paranoia, ciertas compañías se enriquecen; qué se esconde en la insistencia, cuáles son los orígenes y la evolución de esta carísima fantochada... para que no jueguen más con nuestra salud y la de nuestros hijos.

Última actualización el Martes, 04 de Mayo de 2010 19:29
 
Clasificación funesta de agroquímicos PDF Imprimir E-mail
Lunes, 15 de Marzo de 2010 00:06

NORMAS INFAMES

Agroquímicos

Los agroquímicos que más se usan en la Argentina están produciendo daños severos a la salud humana y al ambiente; esos daños, además, se extienden en el espacio y en el tiempo y generan inmensos riesgos e inseguridades.

Los cuidados que deben tener las personas que los manipulan y aplican dependen de cómo se categorizan los agroquímicos de acuerdo con su toxicidad, de las normas que resultan de esa categorización, de la ejecución de esas normas y de cómo se sancionan las infracciones.

Los empresarios privados en el sistema capitalista tienen como objetivo principal la ganancia, es decir, la reproducción del capital que invierten. La mayoría de las veces es el único objetivo que persiguen. Cuando estos empresarios se dedican a una actividad productiva es porque la rentabilidad que piensan obtener es mayor que la esperable con la especulación financiera, y buscan la mayor ganancia posible medida en dinero. La sustentabilidad social y la sustentabilidad ambiental no son algo que forme parte de su interés original. Sólo les interesa cuando están obligados a ello.


Para que la sociedad y el ambiente subsistan en el mediano y largo plazo, el que debe regular las apetencias egoístas de los empresarios es el Estado en sus tres ámbitos: Nacional, Provincial y Municipal. Cuando las regulaciones y controles estatales fallan por ignorancia, ineficiencia, amenaza o corrupción, los empresarios tienen liberado el camino para luchar por la máxima rentabilidad posible del dinero que invirtieron, ignorando los daños sociales y ambientales. En estos casos, son los habitantes a través de  organizaciones no gubernamentales quienes se ven obligados a defenderse contra el daño social y ambiental. A veces el Estado, finalmente, acepta hacerse cargo de esas defensas, poniendo límites a la actividad destructiva de esos empresarios. Otras veces no lo hace, o lo hace con mucha parcialidad y demora. En Argentina, el de los agroquímicos es uno de esos casos.

 

Última actualización el Lunes, 29 de Marzo de 2010 23:52
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Nuestros hijos nos acusarán PDF Imprimir E-mail
Lunes, 01 de Marzo de 2010 15:29

"La actual generación de niños será la primera de la historia moderna que tendrá peor salud que sus progenitores". El film de Jean Paul Jaud Nuestros hijos nos acusarán nos alerta sobre los peligros de la contaminación ambiental y agroquímica y la necesidad de producir alimentos saludables en cantidades suficientes, algo factible e indispensable.

"-¿Al comer una hortaliza también ingieres el químico?", le preguntan a alguien que trabajó en agricultura química, y que confiesa que había cosas que nunca comía de las que producía. Responde: "Sí, ahí está y ahí se queda".

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Última actualización el Lunes, 29 de Marzo de 2010 23:52
 
Shell compró a Magdalena por un plato de lentejas PDF Imprimir E-mail
Miércoles, 27 de Mayo de 2009 18:14
Hace 10 años atrás, después de que la Estrella Pampeana, que llevaba petróleo para Shell, chocara con otro buque, se provocó el mayor derrame de petróleo en agua dulce. La petrolera holandesa le impuso al intendente de Magdalena un plebiscito para consagrar su impunidad.
Hoy, por 9 millones de dólares, Shell consiguió la declaración de inocencia y se trasladó a la comunidad de ese partido. Al mismo tiempo que la petrolera impuso esta indemnización, el municipio se compromete a levantar los cargos judiciales en su contra. De esta manera se elude la relación existente entre ese dinero y la remediación ambiental por el daño provocado por el derrame.
Otra vez, la ausencia de política ambiental en Argentina, decidió esperar a que el tiempo pase para solucionar los problemas.
Aquí el artículo completo
Última actualización el Jueves, 28 de Mayo de 2009 09:11
 
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