Fundación Encuentro por la Vida: Cultura y Democracia Ambiental

La agricultura del futuro PDF Imprimir E-mail
Miércoles, 20 de Octubre de 2010 09:23

Por Andrés E. Carrasco

"El modelo de apropiación instalado en los países periféricos, obedeciendo a
demandas de las economías mundiales, sólo puede sostenerse con la desigualdad y
la exclusión. Nature apuesta a preservar la legitimidad del tecno-capitalismo
que necesita continuar privatizando los bienes comunes con acento tecnocrático y
disimular al mismo tiempo la creciente percepción de crisis civilizatoria."

La revista Nature se preguntó en agosto pasado “si la ciencia podía alimentar al
mundo”
. En su editorial, que resume varios artículos de análisis y opinión,
advierte que hay todavía 1000 millones de hambrientos, a pesar de que hay
alimento suficiente para las 7000 millones de personas que forman la población
del planeta. Y que para 2050, cuando la población llegue a 9000 millones de
habitantes, se requerirá más superficie sembrada, más agua, más fertilizantes y
herbicidas con la indubitable destrucción de la diversidad y la salud humana y
ambiental.

Nature sugiere que la solución al eventual agotamiento y desastre
natural es desarrollar tecnología (sugestivamente mediada por Monsanto y
Syngenta, entre otras) que produzca una segunda revolución verde sobre la base
de intensificar, en vez de extender el área sembrada con semilla que usen menos
agua y sean más resistentes al calentamiento global.
Como complemento propone promover en los países pobres pequeñas unidades
productoras, granjas mixtas que permitan la rotación de cultivos y ganadería
integrada, además de incrementar la inversión en infraestructura que abarate
costos con el fin de atemperar el hambre.
Mientras sugiere realinear la investigación científica y tecnológica, admite que
hasta ahora los GMO no “han sido la panacea para mitigar el hambre de los países
pobres a pesar de lo que pregonan sus defensores”
, además de ser percibidos como
parte sustancial de un “modelo monopolizante y privatizador de la producción de
alimentos”
y remata: “La ciencia y la tecnología no han sido panacea del hambre
mundial, ya que en definitiva hay alimentos suficientes pero la pobreza de más
de 1000 millones de seres humanos les impide acceder a ellos”
.

 


Nature propone nuevas tecnologías biotecnológicas y químicas capaces de generar
una agricultura que pueda alimentar a la humanidad dentro de 50 años y deposita
su control y responsabilidad en las grandes corporaciones transnacionales. La
revista reafirma de esta manera el paradigma tecnocientífico. Con optimismo,
avizora un posible futuro sin hambre, conducido por las mismas manos que
generaron una hipoteca ambiental y social impagable, al transformar la
agricultura en negocio y los alimentos en mercancía. El argumento de Nature es
la expresión de un inteligente giro del capitalismo global que admite el fracaso
de esta etapa ante las necesidades de la humanidad, pero sin debatir si en vez
de un exceso de optimismo tecnocrático, no fue simplemente parte del diseño
colonial global. En ese silencio cómplice es que se oculta la perversión de la
colonialidad.
Es obvio que el problema del hambre mundial es, para la construcción y
supervivencia del capitalismo global, una amenaza de la marea inmigratoria
incontenible que golpea las puertas de los países centrales despertando
xenofobias y violencias. Pero es además una mirada alerta sobre esa periferia
excluida que está en permanente convulsión social. Aun así, persiste en apostar
a seguir apilando tecnología sofisticada que asegure la supervivencia de las
grandes corporaciones y al mismo tiempo garantizar el modo de vida de los países
centrales. Responsabilizando del hambre mundial al fracaso de una generación de
instrumentos tecnológicos esconde que el modelo de apropiación instalado en los
países periféricos, obedeciendo a demandas de las economías mundiales, sólo
puede sostenerse con la desigualdad y la exclusión. Nature apuesta a preservar
la legitimidad del tecno-capitalismo que necesita continuar privatizando los
bienes comunes con acento tecnocrático y disimular al mismo tiempo la creciente
percepción de crisis civilizatoria.
Argentina ha resignado su mirada crítica sobre el modelo dependiente impuesto
por el poder corporativo, esperanzada en formar parte del club de los incluidos
en la globalidad. El silencio cómplice niega admitir que el neocolonialismo que
convoca al progreso por derrame se apropió de los bienes comunes más allá de
cualquier costo social, económico o ambiental e insiste en proclamar el
virtuosismo de un desarrollismo distópico y científicamente dependiente. No
comprende que no es en el contenido donde radica la dependencia sino en su
sentido que los determina. Así mientras algunos intentan infructuosamente
instalar la discusión sobre los efectos indeseables del modelo de industrial y
tecnológico de producción agrícola (y minera) que nos han impuesto, la
preocupación europea admite sus dudas sobre la tecnología y se resiste a
consumir o no los transgénicos que hoy producimos. Así están las cosas. Por
colonizados, dos trancos atrás del mundo y condenados a seguir entregando
nuestros bienes.
Una falacia, obvia en Latinoamérica y por lo tanto aburrida, es pretender pensar
en un proceso emancipador sin desprenderse de la matriz epistémica del
colonizador. “Inventamos o erramos”, dijo Simón Bolívar, mientras Quijano,
Dussel y Mignolo nos repiten que descolonizar la subjetividad del ser y del
saber es descolonizar el poder y por lo tanto punto de partida para inventar
nuestro nuevo marco epistémico que definirá lo cultural, lo productivo, lo
científico y lo político. No hay neutralidad ni universalidad en los saberes y
que no se es porque se piensa. Se es donde se piensa. Con saberes que aseguren
el “bien vivir” de nuestra gente. Porque si la modernidad europea construyó el
capitalismo a partir de devastación y la explotación del Nuevo Mundo, la actual
depredación no tendrá retorno cuando terminemos de ceder el patrimonio y la
explotación de nuestros bienes comunes. Con ello cederemos nuestra libertad y
dignidad de pueblo soberano. Desde ese momento sólo quedará hambre y desolación
para el futuro.



Andrés Carrasco. Profesor UBA. Investigador principal Conicet.
Fuente: Página 12
Temas: Agronegocio

 

Última actualización el Miércoles, 20 de Octubre de 2010 09:34
 

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